Roedores navideños

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El niño curioso, por el Primer Sol (nov 2013)

Ya casi la tenemos aquí. Con paso sigiloso pero seguro, se cuela en los escaparates, envuelta en purpurinas y destellos, con aroma a canela y a almendra. Nos pilla reprimiendo una exclamación ante pasillos y pasillos de juguetes. De nada sirve que algún centro comercial anuncie que ya está aquí antes de su llegada, siempre hay un día en que te sorprende verte rodeado de ella…

Quizá ésta sea la última Navidad de inocencia infantil en la refamilia al completo… La Estrella Mayor cumplirá 9 cuando empiece el año, seguida del Primer Sol (7 y medio), del Segundo Sol (5 y medio) y de la Estrella Menor, con 5 recién estrenados.

La Estrella Mayor, con motivo de la caída del segundo diente del Primer Sol, me encerró a traición para hacerme una pregunta de vital importancia, porque tenía informaciones contradictorias y necesitaba saber: “el Ratón Pérez, ¿existe?”. En lo que duró mi suspiro pensé tres cosas: ¿por qué no le preguntas a tu padre o a tu madre?, ¿no prefieres hablar de sexo? y ¿ahora qué le digo? En mi caso la pregunta se la hice a mi madre en un intento desesperado de que algo de mi imaginario infantil existiese, justo después de confirmar que los Reyes no eran tan mágicos como creía…

Hace tiempo me mandaron una fábula sobre el pacto entre Reyes y padres, y la adapté a nuestro roedor, previo juramento de la Mayor de no revelar nada a nadie, a saber:

El día que a un niño se le cae su primer diente, el Ratón Pérez hace dos paradas en su visita esa noche: la primera es en la habitación del afortunado, bajo la almohada del cual busca su tesoro y coloca a cambio un regalito. Nada demasiado grande, porque el Ratón es pequeño y no puede cargar con cosas pesadas. La segunda parada es en la habitación de los padres, a los que hace partícipes de su aventura, ya que un ratón es un ser muy chiquitín, y hay muchos niños y niñas a los que se les caen los dientes, por lo que les encomienda una tarea: ayudarle en su misión de recoger dientes y cambiarlos por regalos. Cuando a un niño se le cae un diente, el Ratón, gracias a su red de ratones, se entera, y consulta su mini agenda de ratón; si puede, va en persona a llevar el regalito, pero si no puede, hace llegar un aviso a los papás para que le pongan el regalo bajo la almohada y recojan el diente. Al día siguiente el ratón lo recoge y lo lleva a sus almacenes dentales.

La Estrella Mayor se quedó muy contenta y aliviada, como si en su cabeza hubieran encajado piezas que parecían irreconciliables, pero advierto que abrió el turno de preguntas y tuve que inventar nuevas historias (“Pobre de aquel que inventa una mentira, porque habrá de inventar 20 más para encubrir la primera”): “¿Cómo es el Ratón Pérez?, ¿habla?”, “¿Y cómo te manda el mensaje?”, “¿Es Jane (nuestro hámster) una agente secreta del Ratón Pérez?”. Llegado este punto tuve que recurrir al comodín de madre “Esas cosas las sabrás cuando a tu hijo se le caiga un diente y venga el ratón a verte…”

La preocupación del Segundo Sol en todo este trajín de ratones, sin embargo, es que el ratón Pérez, para llegar a la almohada de su hermano, tiene que pasar con sus patitas sobre la suya…