Frases del Primer Sol cuando era un solecito

Inuit, por el Primer Sol (2010)

Inuit, por el Primer Sol (2010)

Buscando un cuadernito para anotar las locas ideas que corretean por mi cabeza, y con ánimo de no comprar nada innecesario con mi ya comprometido sueldo, he encontrado un pequeño tesoro: un cuaderno donde, en una época en la que yo era una ingenua madre 1.0, anotaba las cosas dignas de recordar que decía el Primer Sol. ¡Sus primeras frases célebres caseras!

Y así, tal cual están apuntadas, las transcribo, para que no parezca que sólo los pequeños tienen frases geniales (eso sí, me guardo algunas para otro post de éstos entre tensión y tensión…)

Con casi tres años, yo le hablaba mucho de mi abuelo, mi avi que estaba en el cielo. “Mamá, voy a crecer tanto que tocaré el cielo y veré a tu avi“. Se me saltaron las lágrimas y el abrazo que le di aún debe dejar marca…

Noviembre de 2010, con 4 años: “Soy el rey del kárate“. “¿Y tu cinturón?” “No tengo cinturón, pero los reis no necesitan cinturón“. Está claro que los reis no necesitan perrito que les ladre.

De la misma época de su reinado, por fomentar su creatividad en casa, le pregunto “Las ceras de tu cole, ¿son de las gordas o de las finas?“. “Son de las que pintas en la mesa y se borran con babas” Dónde tienes los espejos cuando más falta te hacen… Y ya casi que siga pintando en el cole…

Un poco anterior, yo “Sol… Sol… ¡Sol! Te estoy llamando, ¿no me oyes?“. “Es que tenía el cerebro en el otro lado, Mamá“. Seguro que alguna teoría científica lo avala y todo… El otro día le dije al Segundo Sol (cuyo nombre repito demasiadas veces a lo largo de la jornada), que en vez de un nombre bonito como el que tiene, debería haberle puesto uno tipo “Recesvinto” o “Epistófanes”. Risas de ambos Soles con la lista de nombres que se me ocurrió. “¿Por qué, Mamá? A mí me gusta el mío“. “Porque así, cuando te llamase la primera vez, no querrías que te llamase una segunda por no volver a oír tu nombre y me harías caso.” Ojiplático que se quedó. Y se portó divinamente, oigan.

Y las dos últimas, del final de ese mismo año, muy navideñas.

La primera antes de dormir, un día después de deambular entre millón y medio de personas de la Plaza Mayor a Cortilandia. “Mamá, Papá Noel, ¿existe?“. Madre en modo DEFCON 3. “Claro, hijo, ¿por qué dices eso?“. “Es que los dragones no existen, los hombres lobo tampoco… a lo mejor Papá Noel no existe“. ¡Pasamos a DEFCON 2! Está muy bien que el crío sea reflexivo, pero se está pasando… “Pero bueno, no te acuerdas el año pasado, cuando entramos en casa y estaban todos los regalos?, ¿quién los iba a traer, si no?“. “No sé… personas...” Vale, DEFCON 1, la destrucción planetaria es inminente: hay que usar la principal arma del arsenal de madre: la Posesión de la Verdad Absoluta. “Pues no hijo, Papá Noel existe“. “Ah“. “Y los Reyes Magos, también“, por si acaso. “No, si esos ya sabía que existen…” Obvio… Volvemos a DEFCON 4 (una madre nunca está en DEFCON 5, como bien saben la madre ninja y la madre tigre)

Y la última contándome cosas de la función navideña de 2010: “Mamá, ¡me sé también lo que dicen los equipajes de los Reyes Magos!

Si es que te los tienes que comer…