Hijos compartidos
Estimados Académicos,
Les rogaríamos adjunten al expediente de la creación del vocablo ‘Refamilia’, la inclusión de una salvedad en la primera acepción del verbo ‘Compartir‘:»no conjugable con el complemento directo hijos«. Coincidarán con nosotros en que compartir hijos no es equivalente a repartirlos, dividirlos o distribuirlos. En el primer caso, los hijos se engrandecen y en el segundo menguan.
Atentamente,
La Refamilia
Sé que no es la mejor manera de empezar, pero antes de seguir leyendo, necesito la aceptación de los siguientes términos y condiciones:
- Mi única titulación como madre de refamilia es la que me ha otorgado la propia Refamilia, basada en más de 500 noches de desvelos, amor, alegría, paciencia y trabajo. No soy psicóloga (aunque me gusta tener alguna que otra de cabecera), letrada, ni experta en más que mis propias vivencias, por lo que este post (como el resto del blog) no pretende ser nada más que reflejo de mis pensamientos. Las cátedras se sientan en otro jardín.
- Mis pensamientos, aunque persistentes, aún no han conseguido colocarse en mi cabeza cómodamente, y algunos de ellos podrían parecer incoherentes. Tener sombreros de madre y de compañera de padre plantea muchas dudas complejas y pocas respuestas sencillas.
Si estás de acuerdo en seguir leyendo, cierra los ojos. Dibuja en tu mente la imagen de madre. No tu madre o tú como madre, sino la de esa madre universal, sin rostro, con la que la palabra madre se llena de significado; esa por la que a veces juzgas si eres o no buena madre… ¿la tienes? Haz lo mismo ahora con el padre; olvídate de nuevo del tuyo o del padre de tus hijos. Sólo piensa en el estereotipo de padre.
Aún sabiendo que la realidad lo desmiente en muchas ocasiones, en el ideario común una madre es buena para sus hijos y un padre tiene que demostrarlo. Es cierto que en la realidad que me rodea a mí, la mayor parte de las madres son las que reducen jornada laboral, las que se encargan de las mochilas por la mañana o de pedir hora en el médico (incluso las que se levantan por las noches a dar agua a niños que atraviesan desiertos en sueños); en las reuniones del colegio hay una aplastante mayoría de madres frente a un puñado de padres. Pero también conozco a padres que participan, y mucho, en el día a día de sus hijos. No es que «hagan de madres»: es que son padres padres :)
Pero al final todos, padres y madres, tienen que compartir a sus hijos tras el divorcio, repartir su tiempo, y no es nada sencillo decidir qué es lo mejor para tus hijos en un momento tan difícil emocionalmente.
Sientes que tus hijos te necesitan a ti más que a nadie y nadie los necesita tanto como tú en este momento… pero ¿con quién van a estar mejor tus niños? ¿Es su madre la que ves cuando cierras los ojos? ¿Es su padre uno con mayúsculas?
En cualquier caso uno es padre o madre no porque su nombre aparezca en una partida de nacimiento, sino porque cuida de sus hijos, porque les antepone a su propio interés y les da amor, seguridad, confianza… A veces pensamos que también debería incluir la existencia de una agenda cultural, llevar al cole deberes perfectos o vestir con colores bien coordinados, pero eso no suele ser tan importante, por mucho que nos empeñemos en discutir largas horas sobre ello.
Tenemos diferentes criterios, y aunque los nuestros nos parezcan mejores (por algo los tenemos :) no creo que haya que imponérselos a la otra parte, que también tiene derecho a transmitir los suyos, aunque no entendamos por qué “parque” está peor posicionado en su lista que “consola”, cuando para nosotros está claro lo contrario.
Sé que es más bonito escrito que vivido, pero creo que esforzarse en priorizar merece la pena, para todos, porque así sé en qué me tengo que dejar la piel para llegar a un acuerdo y qué cosas puedo pasar por alto… eso de perder alguna batalla para ganar la felicidad, que no la guerra.
Sé también que hay conflictos que van más allá de las pequeñas tensiones diarias, y que además de disponibilidad para estar con ellos, rutinas previas en las que uno se devela más que el otro y criterios de crianza, en el bombo entran grandes dosis de dolor, amor propio y miedo a la nueva etapa… todo gira y a tus hijos les toca una bolita que esboza su nueva vida. A veces la sacas tú y otras un juez al que, no conociendo a tu familia, le toca decidir por ti, con su propio criterio.
No sé si lo equitativo es siempre lo justo: como madre tengo una opinión y como compañera de padre tengo otra, supongo que porque los sentimientos no siempre atienden a razones… Me inquieta esta falta de coherencia en mí (si algo es bueno para las Estrellas, ¿no debería serlo también para los Soles?) pero cada vez me reconcilio más con ella, porque nuestras dos familias son distintas, con distintos criterios, disponibilidades de tiempo y trabajo, capacidad económica, entorno… ¿es posible encontrar una solución que sea buena para todos los niños, todas las familias, todos los casos? ¿Una que salve tus miedos, tu amor propio, tu dolor por no estar con ellos…?
No tengo respuestas, sólo preguntas que me hago frente a ese espejo tan complicado en el que me miro, pero sé que algún día serán los ojos de los Soles los que reflejarán los míos, y confío en poder sostener una mirada limpia.


27 abril, 2015 @ 00:05
Mira que te gusta meterte en charcos, jajajajaja
Dos puntos para mí fundamentales y totalmente incongruentes. El primero es que los padres no comparten (si, fatal definición) a los hijos; son los hijos los que tienen derecho a ellos, basta ya de tanto mirar «nuestros» derechos.
Ahora la incongruencia total. Como nunca se puede decir de este agua no beberé…, llevaría fatal que nos separáramos y las cosas no fuesen como yo determinase. O sea, que estoy segura de que todas las opciones que me planteara el padre de las criaturas, cualquier plan, cualquier salida de MIS principios, conllevaría una discusión inmediata. Pero bueno, como ya he dicho, nunca sabemos, así que mientras seguiré pensando que a Dios gracias seguimos juntos, y pensaré que en caso de que algo pasase, sería capaz de pensar con algo que no fuera solo el corazón.
Por eso precisamente te admiro Ana, por ser capaz de mantener la cabeza fría en estas cosas.
28 abril, 2015 @ 06:39
He meditado mucho sobre ello últimamente, Sara, y me apetecía escribir un poco, pero lo de cabeza fría será porque el charco lo estaba ;)
Es cierto que el derecho es de los niños, y creo que es el menos respetado cuando las cosas van muy mal y los padres, muchas veces involuntariamente, los ponen en medio.
Otras veces, como tú dices, nos falta dejar hablar un poco más a la razón y al corazón (sí, sí, «y» y no «en vez de») y acallar los miedos… miedo al si nos dejarán de querer, miedo al si sabremos estar sin ellos… y ahí intentamos preservar nuestros derechos.
Más que difícil, sin duda…
27 abril, 2015 @ 09:35
Ya te lo dije en persona… claro que se entiende! al menos desde mi lado, que es cercano al tuyo (aunque aún no tanto).
La búsqueda de la coherencia… qué difícil es!
Un placer leerte… y mucho más conocerte
28 abril, 2015 @ 06:41
Me ha encantado conocernos y ver que estamos tan cercanas, en muchos aspectos.
Yo creo que es una de mis limitaciones, la búsqueda de coherencia, que supongo que no siempre es posible, ¿no crees?
Un abrazo de los compartidos!
6 mayo, 2015 @ 21:58
He conocido tu blog a través del cenas adivina donde yo participé unos meses atrás ya que soy psicoterapeuta de familia.
Me parece muy coherente lo que señalas ante el divorcio, y que no se trata de «repartir», sino de hacerse cargo responsablemente; lo que en términos técnicos llamamos coparentalidad.; no queda otra si se quiere ayudar y acompañar a los hijos.
Pero este aspecto muchas veces queda de lado, y a pesar del tiempo transcurrido de la ruptura frecuentemente sigue siendo una batalla campal donde el niño o niña se encuentra inmerso. Por desgracia lo veo todos los días en la consulta, y de todo tipo de personas, que aparentemente podríamos decir que iban a priorizar a los hijos.
Una cosa buena en las «refamilias»; (me gusta el nombre); es que cada vez sois más y sois más rápidos a la hora de pedir ayuda profesional para evitar que se repita el fracaso de la anterior relación. Cada vez tenemos más refamilias en la consulta; los temas con los hijos de unos y de otros(cuidado, educación, la organización doméstica), los tiempos de pareja, la presencia de los ex, etc., que afectan tremendamente a la pareja se ponen encima de la mesa.
Es una gran apuesta la de las refamilias, pero una oportunidad muy muy bonita y gratificante tanto para los adultos como para los menores, que pueden ver a una pareja que se relaciona sanamente y maneja las dificultades para que éstas no acaben arrasando. A seguir luchando!!
13 mayo, 2015 @ 05:52
¡Qué alegría tenerte por aquí, Alejandra!
Nunca fui tan consciente de lo poco que sabemos del matrimonio hasta que hice terapia de pareja, y eso fue antes del final del mismo. No sé si es porque lo tenemos «muy visto» o porque nos parece fácil que dos personas, viniendo de dos entornos familiares diferentes, enamorados y con Cenicienta como cuento de cabecera, lleguen a un entendimiento feliz y perfecto, pero el caso es que no se nos ocurre pedir ayuda cuando hay un problema. Con los hijos es lo mismo, aunque quizá cada vez menos: lo que han hecho en nuestra casa (lo bueno para hacerlo y lo malo para evitarlo) y algo que hayamos leído por ahí es todo lo que se necesita para criar a un hijo.
Y luego nos topamos con la realidad: ni nosotros somos nuestros padres, ni tenemos hada madrina y, desde luego, nuestros hijos son individuos muy diferentes de los de cualquier libro…
Quizá por eso las refamilias pedimos más ayuda, porque no tenemos referencias, y somos conscientes de que no sabemos enfrentarnos a todas las situaciones (enos primeros posts reflexioné sobre ello: por una parte andas perdido, por otra, es toda una oportunidad :)
Mil gracias por tus ánimos, seguiremos luchando y disfrutando, que lo de «re», da para mucho. Invitadísima estás a usar el término, que se acuñó en una piscina intentando a explicar a otros niños eso de vivir todos en una casa pero no tener títulos convencionales, y lo de «reconstituida» sonaba a sopa de sobre ;)
Un abrazo grandísimo!